lunes, 29 de junio de 2015

Amenazan con el caos para imponer la ruina

La crisis de la deuda griega se ha convertido en la crisis de la democracia en Europa. Las élites al mando de la troika han boicoteado una negociación en la que estaban en cuestión las condiciones de vida de la mayoría de la población, y sobre todo de los mas débiles; y lo han hecho porque sólo la entendían como imposición. Sus propuestas de devaluar las pensiones, la capacidad adquisitiva (mediante la subida del IVA) y negarse a reestructurar un deuda ilegitima, responden a un posicionamiento clasista, elitista y carente de una mínima empatía social. 

Su ofensiva contra la decisión del gobierno griego de convocar un referéndum, para que su ciudadanía exprese su posición sobre la última oferta de la troika, responde a una concepción autoritaria, déspota, del gobierno de las sociedades. Despotismo presente desde siempre en la ideología neoliberal, que cree que la gestión de la economía y de la política, sometida a aquella, sólo puede ser comprendida y asumida por una minoría. 

La crisis estalló porque se eliminó o restringió radicalmente el control democrático, es decir desde entidades elegidas y responsables de sus actos ante la ciudadanía, de las actividades especulativas del capital financiero. Resultó que la minoría que dominaba el mundo de las finanzas y la tecnocracia que la apoyaba en las instituciones internacionales como el FMI y en los gobiernos de las naciones del primer mundo, demostraron ser nefastas en la gestión de la economía , además de un fraude social de índole criminal. 

Pero la gestión de la crisis que ellos mismos provocaron ha acentuado su poder y con él su desprecio hacia no sólo el contenido, sino también a las formas de la democracia. Y ello se produce, paradójicamente, en el momento de la historia en el que el la democracia está más extendida y asumida como forma de organizarse y gobernarse las sociedades. Aunque también es cierto que en las tres últimas décadas anteriores al estallido de la crisis, se había producido un proceso de reversión hacia la desigualdad, hacia la división de la sociedad en bloques, hacia la marginación y estigmatización de los sectores más débiles de la clase obrera. Y la desigualdad es incompatible con la democracia, por que supone negar la igualdad ciudadana, objetivo común de todos los movimientos reaccionarios que han sido, son y serán.

El crecimiento económico, con el aumento engañoso de la capacidad de consumir, fue la base material sobre la que se asentó la desigualdad y el asentimiento social a la degradación de la política. En ese contexto, la construcción europea, se ha vertebrado bajo la hegemonía de los intereses del poder económico y ha acumulado  un gran déficit democrático. El funcionamiento de sus instituciones otorga un gran margen de maniobra a los intereses particulares organizados en lobbies, aleja de la ciudadanía muchos ámbitos de decisión; mientras que las instituciones nacionales, que son las potencialmente más controlables, tienen cada vez menos poder. Sólo así se puede entender que el chantaje, que un grupo minoritario impone al gobierno democráticamente elegido de una nación, tenga el aval de unas instituciones, aunque al hacerlo se nieguen a si mismas el carácter democrático. 

La actuación de la troika, hace evidente que Democracia y dominio de la política por el capitalismo financiero son incompatibles, sólo pueden convivir cuando la Democracia se limita a avalar lo que las élites deciden; es decir, se desvirtúa. Su agresivo sentido de clase, su concepción destructiva de los recursos naturales, su insaciable codicia, unidas a la impunidad con que han actuado hasta ahora son el enemigo más temible de la Democracia, entendida como soberanía popular, como ejercicio igualitario de derechos y deberes por el conjunto de la ciudadanía. Ahí está está el actual huevo de la serpiente.

La Democracia no es un estadio al que acceden las sociedades y se desarrolla continuamente, más bien al contrario, está continuamente amenazada de  anulaciones y regresiones, y ahora vivimos en una de ellas. Por eso, hoy hay que defender la Democracia, hay que neutralizar con urgencia el poder del capitalismo financiero y más urgente aún hay que crear un fuerte movimiento de solidaridad con el Gobierno y con la mayoría de la sociedad de Grecia.


Pepe Gálvez

(Artículo publicado originalmente en Nueva Tribuna)

No hay comentarios:

Publicar un comentario