miércoles, 17 de abril de 2013

¿Y tú me preguntas que es presión? Presión eres tú ¡cacho lobby! (I)

La práctica del escrache ha abierto un debate social sobre la legitimidad en unos casos y sobre la conveniencia en otros, de esta forma de presión que según los afectados y los medios de la derecha vulnera su intimidad personal.

Como sindicalista esta polémica me recuerda la que se genera cada huelga con la actuación de los piquetes, en el sentido de que hay presiones; las de los empresarios, que se dan como naturales mientras que las que se ejercen en sentido contrario se descalifican por violentas y antidemócratas.

 La prepotencia y la impunidad generan grandes dosis de hipocresía, porque si hay una presión que distorsiona y degrade la democracia es la de los lobbys de las grandes empresas y de las finanzas.

 Joseph Stiglitz señala que la "gran divergencia", como denomina a la brutal desigualdad social hoy en día existente, no nació por causas económicas  sino por: "la manipulación de las leyes  y las reglas por obra de quienes podían pagar negociadores, legisladores y abogados para realizar sus encargos".

 Josep Fontana en su libro El futuro es un país extraño, del que pronto hablaremos en este blog, en el capítulo La privatización de la política analiza el proceso de compra de políticos en U.S.A. mediante la acción de los lobbyists Una vertiente importante de esta actividad es el soborno en forma de agasajo. Así treinta de las mayores empresas norteamericanas gastaron de 2008 a 2010 más en pagar gastos de lobby que en abonar impuestos al estado. Otra forma es el uso de información privilegiada en beneficio de su cartera de acciones.

También, como señala Chris Hedges, los lobbyists escriben los proyectos de ley y consiguen que sean aprobados, gracias a que son quienes aseguran a los políticos el dinero para ser elegidos, y los emplean cuando dejan la política, lo que se conoce como puerta giratoria entre la política y la economía. Ese tipo de prácticas que evidentemente no son exclusivas de los U.S.A, entre nosotros cada día son más evidentes, suvierten la igualdad ciudadana sobre la que se asienta la democracia.

Iguales para votar pero no para decidir, podría ser su lema. 

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