martes, 23 de abril de 2013

Bon dia de Sant Jordi . Hoy toca salir a la calle, a pasear entre libros, a comprarlos, a leerlos, a airear las rosas, a regalarlas, a compartirlos. Bon dia con Josep Fontana y su última obra, otro desafío al pensamiento único, otra incitación a la reflexión y a la acciòn: 

El futuro es un país extraño

El subtítulo de este libro: Una reflexión sobre la crisis social de comienzos del siglo XXI, es a la vez indicativo e incompleto, se trata ciertamente de una reflexión, pero entendida como riguroso análisis, realizado a partir de una información sino exhaustiva si copiosa, sobre la más reciente evolución sociopolítica de la humanidad desde la perspectiva de la crisis social que caracteriza el inicio del siglo XXI. El título por su parte nos indica que la mencionada reflexión no mira al pasado ni quiere quedarse en el reflejo de la actualidad, sino que se interroga sobre el mañana o mejor dicho sobre la solución que se dará tanto a la crisis como a la multiplicidad de conflictos sociales, económicos y políticos que ha generado. Por ello nos plantea al mismo tiempo una constatación y una llamada de atención: La primera avisa sobre el final de la ilusión de la inevitable progresión indefinida y constante en bienestar del género humano y la segunda expone la necesidad de construir, sobre el cimiento del conflicto, un futuro, una alternativa general, internacional, nacida del conjunto de clases y sectores sociales subalternos y esencialmente democrática.

La vida no es como nos la cuentan
Tanto Por el bien del imperio, su inmediata anterior obra, como esta misma nos ofrecen la visión de la otra cara de nuestra realidad, de nuestra historia colectiva inmediata, de la que hemos sido testigos presenciales pero mediatizados por una información generalmente incompleta y casi siempre instrumentalizada. Indirectamente, nos provoca una reflexión sobre la falta de información en temas clave para el conjunto de la sociedad como son los asuntos militares: la evolución de la industria armamentística, las estrategias del imperio, los orígenes y causas de los conflictos bélicos. Lo mismo sucede con el mundo empresarial y especialmente el financiero, su dinámica, sus protagonistas, sus actividades y su repercusión en el conjunto de la sociedad. Sin esa información, sin ese conocimiento la mayoría social es fácilmente presa de la hegemonía ideológica de la minoría, de las élites depredadoras. La mayoría social cree habitar en un país que no existe, que es virtual, y por eso cuando el escenario se modifica radicalmente la primera reacción es la de la confusión a la que suceden bien la indignación, bien la resignación.        

La desigualdad social, agujero negro de la democracia
Una muestra contundente de esa alienación, es el hecho de que mientras era mayoritaria la creencia en la prosperidad general la desigualdad social crecía incontrolablemente. Fontana insiste en la gran desigualdad social como el origen tanto de la crisis como del sesgo que domina actualmente su salida. En ese sentido abunda la cita de Daron Acemoglu Cuando aumenta la desigualdad económica aquellos que han conseguido ser más poderosos en términos económicos intentan con frecuencia usar este poder para ganar más peso político. Y una vez consiguen monopolizar el poder político, comienzan a usarlo para cambiar las reglas en su favor. Esta conjunción de desequilibrio social y de control de la política por las elites financieras explica el grado de extensión de la corrupción y de la impunidad de corruptores y corruptos. La consolidación de una política que se compra y se vende que hemos vivido y que aún permanece ha significado una continua degradación de la democracia, no sólo en la limitación de la participación, sino también en la restricción de derechos y en la exclusión de sectores sociales de los mecanismos democráticos, especialmente en el único que les queda: el de votar. En consecuencia Fontana reclama la necesidad de una acción política, que de un cambio radical al status actual y posibilite el control democrático de la economía en general y de las finanzas en particular, que la política no esté en almoneda sino ejercida por las mayorías sociales y que ponga coto al poder del imperio.

No podemos perder el presente ni renunciar al futuro
No es un camino fácil, el autor analiza la frustración de la primavera árabe por la permanencia de viejas estructuras de poder, el ejército en Egipto y la acomodación de los islamistas a las reglas fundamentales del juego neoliberal, así como el estancamiento del movimiento de los “ocupantes” en USA. También nos muestra las consecuencias de la anulación de los sindicatos en USA, uno de los objetivos centrales de la estrategia de la derecha española
Ante el peso de la realidad el pesimismo de la inteligencia afirma : Las protestas van a seguir vivas; pero unos gobiernos que saben que disponen que disponen de la fuerza suficiente para frenar las actuaciones callejeras de estos indignados, y que confían en que siga la desconcertada mansedumbre de aquella parte mayoritaria de la sociedad que les ha votado, no se proponen rectificar una política que conduce a un desastre colectivo a costa de los trabajadores y de las capas medias, pero que garantiza la preservación del orden establecido. Pero el optimismo de la voluntad, reclama el ejemplo de movilizaciones exitosas de Estudiantes y Campesinos y recuerda que los grandes movimientos revolucionarios de la historia se han producido por lo general cuando nadie los esperaba y con frecuencia, donde nadie los esperaba. Sea como sea, este libro es una llamada a construir un mundo nuevo, una alternativa de futuro necesaria y urgente, y sus palabras, reflexiones, analisis… son una clara contribución a ello.

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